28.11.10

Capitulo Dos: Los hermanos.

Nicholas, Joseph y Kevin Jonas. Tres personas que desde el primer día que los vi no pude sacar de mi corazón. Los conocí cuando éramos niños, ellos eran mis mejores amigos, mis hermanos del alma. Eran mis vecinos y los conocia desde que tengo memoria, con ellos había compartido toda mi infancia, toda mi felicidad. Lamentablemente sus padres tuvieron que mudarse a otro estado y después de una triste despedida los deje de ver. Eso fue algo que me partió el corazón, ellos eran mi vida, mi mundo y de un día par el otro sin una explicación, sólo se fueron. No sabía ni siquiera a que lugar se habían mudado, por esa razón nunca más tuve contacto con ellos. Pasaron los años y, poco a poco, la herida había cicatrizado, pero nunca sanado.
Ellos había sido todo para mi pero hacia ya 5 años desde la ultima vez que los vi, cuando éramos niños, ahora ellos eran todo unos hombres.
Luego de ver a Nicholas, noté a sus dos hermanos mayores detrás de él. Me quedé en shock como por dos o tres minutos. Hasta que reaccioné.

-¡Hola! - Les dije, aunque aun seguía un poco consternada. Nicholas se había ruborizado.

- Hola ¿Cómo has estado? - Respondió Kevin. Él era el mayor de los tres hermanos. Al igual que Nicholas, tenia el cabello enrulado. En su rostro resaltaban sus ojos verdes, y sus pequeños y finos labios. Recuerdo que él era muy chistoso, tenía una visión de la vida muy positiva. Siempre protegía a sus hermanos menores incluso cuando ellos no se daban cuenta. Kevin era la persona más humilde del planeta, siempre fue muy caballero. Sabia escuchar a las personas y hacerlas sentir bien solo con una sonrisa o una mirada. Kevin era un angel.

- Hola - Respondieron a unísono, los otros dos hermanos. Nicholas era un año menor que yo. Era muy tímido cuando acababa de conocer a una persona, pero una vez que se ganaba tu confianza era muy sociable. Tenía unos profundos ojos marrones con una característica forma, eran especiales. Labios gruesos y una pequeña nariz. Tenia un gran corazón, era muy solidario y tambien todo un caballero como sus hermanos. El alma de Nicholas siempre fue pura y bondadosa.
Y luego se encontraba Joseph. Él era el más allegado a mi. Por muchos años habíamos sido los mejores amigos. Nos protegíamos el uno al otro, siempre nos divertíamos juntos. Era demasiado extrovertido. Hacia reír a las personas con el solo hecho de entrar a una habitación. Tenía su cabello corto, sus ojos tambien marrones con aquel hermoso destello de luz, sus labios estaban perfectamente proporcionados. Joseph era las personas mas magnifica que había conocido. Él era perfecto: Modesto, sencillo, respetuoso, gracioso, caballero, audaz. Siempre me supo comprender y nunca me dejo atrás. Joseph había sido mi primer amor.

- ¿Como han estado chicos? Hace tanto tiempo... - Les dije aun un poco avergonzada.

- Si, tanto tiempo - Suspiro Joseph.

- Muy bien. ¿Y que tal tu? ¿Como te ha tratado la vida?- Dijo Kevin.

-Bien... creo – respondí.

- Bueno creo que voy a dejar que se reencuentran mejor - Dijo Emma y mientras caminaba hacia la habitación continua - Si necesitan algo estoy en la cocina con los padres de los chicos. - Y luego de eso desapareció por la puerta.

- Es muy bueno volver a verte, Reach - Me sorprendió con un abraso Kevin, ¿Como podía ser tan tierno? me pregunté y respondí a su muestra de afecto.

- Aun no puedo creer que hayan pasado tantos años - Continuo Joseph regalándome un peso en la mejilla, luego Nicholas imito su acción con un simple 'hola'.

- Muchas gracias chicos. - Obviamente no me había olvidado de mi mejor amiga, que esperaba junto a la puerta - Chicos, les quiero presentar a alguien importante para mi. Ella es Elizabeth pero lo decimos Liz...- Les comente señalándola - Liz, ellos son Nicholas, Kevin y Joseph - a la vez que ellos oían su nombre le hacian un gesto de saludo con la mano. Alcance a ver como se iluminaban los ojos de Nicholas en el momento en el que su mirada se posó en ella. Y de repente una gran sonrisa apareció, tambien, en el rostro de Joseph.

26.11.10

Primer Capitulo: Amigos y reencuentros.

Todo comenzó con el primer día de verano. Acababan de empezar las vacaciones. Pero dentro de unos meses tendría que volver a estar en la facultad. Ese año fue agotador pero la verdad había sido uno de los mejores. Era tiempo de relajarse y olvidarse de todo por unos meses.
Con mis amigos salimos celebrar el último día de estudios y tareas del año. Por la tarde paseamos por toda la cuidad y al anochecer la mayoría de mis amigos se fueron a un bar, yo invité a mi mejor amiga, Liz, a comer en algún restauran. Fue una noche muy especial, le conté como era la facultad, ya que ella todavía no había comenzado a cursarla; ella me contaba de la despedida de sus compañeros de la secundaria y variadas cosas más. Liz: La había conocido por mi compañera de la facultad, Anna, ella era su hermana mayor. Un día fui a casa de Anna a hacer un reporte y me encontré con Liz desde el primer momento en el que comenzamos hablar nos hicimos amigas, era una niña muy especial a pesar de ser menor que yo a veces parecía de la misma edad, era muy madura; pero no se equivoquen, tenia muy presente a su niña interior. Tampoco tenia el mejor comportamiento del mundo, todo lo contrario se podría considerar que era una niña mal o algo así, pero no era por ser caprichosa o algo así; su vida había sido... muy dura. Ella simplemente era mi mejor amiga, Liz.

Al día siguiente nos despertamos bastante tarde, ya que nos habíamos dormido aproximadamente como a las cinco y media de la madrugada. A la tarde salimos de compras, recorrimos todos los lugar habidos y por haber. Liz y yo buscábamos unos vestidos de gala, ya en unos meses seria la boda de su hermano, estábamos muy entusiasmadas ya que el hermano de Liz tenía 21, es decir, era mayor que nosotras y como practicaba rugby, seguramente invitaría a todos sus amigos mayores jugadores de rugby. Además de lo obvio, ¡era una boda! Y por esa razón nos queríamos ver perfectas. Ella se probó un vestido hermoso que le quedaba excelente. Físicamente Liz era una casi una barbie, era hermosa, sus ojos eran bien redondeados de color negro azabache al igual que su corto y brillante cabello; y sus labios impecables. Además de que su cuerpo estaba perfectamente proporcionado.

Ambas escogimos nuestros vestidos en una pequeña tienda al norte de la cuidad. Estábamos totalmente satisfechas.
Cuando llegamos a casa mi madre, Emma, nos recibió con una fervorizarte sonrisa. Estaba muy rara. Seguramente estaba emocionada porque ahora solo me quedaban unos tres años en la facultad, Emma es demasiado sentimental, ella es muy intensa; toda clase de cosas así le afectan.

- Mamá ¿Qué te pasa?- Tenia un aspecto tan inusual que por un momento casi me asusta.

- Nada... ¿Qué te hace pensar que me pasa algo?- rió cínica. No me malentiendan, Emma no estaba triste, sino que estaba demasiado feliz.

-Si tu lo dices - La ignore y con Liz continuamos hasta mi habitación. Entramos y comenzamos a hacer una lista de que lo que habíamos comprado, lo ordenamos y guardamos casi todo en mi armario. Como ella prácticamente vivía en casa tambien guardo sus prendas en mi guardarropas.

-¿Qué le sucede a Emma? - Preguntó casi riendo. Yo no era la única que lo había notado.

- Sinceramente no lo sé. Si sé que se trae algo entre manos pero la intriga no me carcome lo suficiente como para querer averiguarlo.

La temperatura había comenzado a subir así que ambas decidimos cambiarnos y ponernos algo más ligero. Yo me vestí con una minifalda rosadita y una remera holgada blanca y rosa floreada. Liz, siguiendo su estilo, decidió ponerse unos shorts de jean negro y una sudadera con el escudo de su banda de rock favorita. Ambas nos veíamos muy bien.
Luego de eso comenzamos a gravar unos videos. Amábamos gravar videos patéticos y luego mirarlos para reírnos de nosotras mismas, no creo que sea muy raro, muchas personas lo hacen ¿no? En fin, luego de eso escuchamos a mi madre llamarnos para la cena, su voz casi temblaba. Ahora si me impacientaba saber qué pasaba. Bajamos rápido y allí encontramos a Emma nuevamente con esa extraña sonrisa, detrás de ella estaba en la puerta de la sala principal cerrada.

- Vamos, ¿Qué te sucede? - Le dije.

- Aun no puedo creer que pude mantener el secreto. Reachel te tengo una gran sorpresa. - Con Liz nos miramos la una a la otra sin entender una palabra.

- ¿Qué? ¿Qué es Emma? - Pregunto mi amiga, casi tan intrigada como yo.

- Unos muchachos muy queridos tuyos que hace tiempo que no ves, vivieron a visitarte - ¡Mis primos! Fue lo primero que pensé, no los había visto desde las navidades pasadas. En ese momento esquive a Emma abrí la puerta y abrase con fuerza a la primera persona que divisé sin siquiera ver su rostro. Estaba de espaldas a mí y yo lo abrasaba muy fuerte, sin duda era un chico y en verdad creí que era en menor de mis primos. Pude sentir sus brazos bien formados debajo de los míos.

- Me haz hecho caso. Hiciste ejercicio ¿verdad? - Detrás de mi sentí las risas tímidas de Liz y Emma. Me separé de la persona a la que tenia entre mis brazos, él se dio media vuelta y pude ver su rostro. Aquel rostro que me trajo mil recuerdos en un solo segundo. Era Nicholas.

25.11.10

Prefacio.

Jamás pensé que aquel día llegaría. Cada vez que nos sonreíamos el uno al otro lo imaginaba, nunca creí que se hiciera realidad. Por fin iba a escuchar decir de sus labios eso que mi corazón tanto anhelaba oír... Estaba tan feliz e impaciente que no podía borrar la sonrisa enmarcada en mi rostro. En cuanto comenzó a hablar me concentre sin darme cuenta en las facciones de su hermoso rostro. Con cada palabra que pronunciaba me sentía en las nubes, estaba... flotando. Me había perdido en el brillo de sus maravillosos ojos, estos tan profundos, tan transparentes que por unos segundos sentí que podía ver su alma. Me di cuenta de que en realidad era la persona que en realidad quería como hace años atrás, la única persona con la que deseaba pasar el resto de mis días, dormir todas las noches, compartir cada alegría. Él era la razón de cada latido de mi corazón. Mi mundo giraba alrededor de él...
Comencé a oír su voz, nunca lo había escuchado hablar con tanta sinceridad. En mi vida había sentido tanta felicidad como en aquel momento; era feliz, junto a él me sentía la mujer más afortunada sobre la faz de la tierra. Fue como regresar al pasado sin dejar el presente. ¿Acaso seguíamos siendo esos niños que se criaron prácticamente juntos y que alguna vez se habían jurado amor eterno? En cuanto lo oí pronunciar sus últimas palabras, volví a la tierra. En ese instante solo escuche su melodiosa voz diciéndome una vez más:
- Te amo.