Jamás pensé que aquel día llegaría. Cada vez que nos sonreíamos el uno al otro lo imaginaba, nunca creí que se hiciera realidad. Por fin iba a escuchar decir de sus labios eso que mi corazón tanto anhelaba oír... Estaba tan feliz e impaciente que no podía borrar la sonrisa enmarcada en mi rostro. En cuanto comenzó a hablar me concentre sin darme cuenta en las facciones de su hermoso rostro. Con cada palabra que pronunciaba me sentía en las nubes, estaba... flotando. Me había perdido en el brillo de sus maravillosos ojos, estos tan profundos, tan transparentes que por unos segundos sentí que podía ver su alma. Me di cuenta de que en realidad era la persona que en realidad quería como hace años atrás, la única persona con la que deseaba pasar el resto de mis días, dormir todas las noches, compartir cada alegría. Él era la razón de cada latido de mi corazón. Mi mundo giraba alrededor de él...
Comencé a oír su voz, nunca lo había escuchado hablar con tanta sinceridad. En mi vida había sentido tanta felicidad como en aquel momento; era feliz, junto a él me sentía la mujer más afortunada sobre la faz de la tierra. Fue como regresar al pasado sin dejar el presente. ¿Acaso seguíamos siendo esos niños que se criaron prácticamente juntos y que alguna vez se habían jurado amor eterno? En cuanto lo oí pronunciar sus últimas palabras, volví a la tierra. En ese instante solo escuche su melodiosa voz diciéndome una vez más:
- Te amo.
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